Quiero compartir con ustedes un post de Andrés Schuschny que me removió esta mañana y ahora, ya de noche al volver a leerlo con Pablo, sus palabras resuenan en mi corazón ¿alguien más me acompaña?
Confesión
Hubo una época en la que sabía a ciencia cierta que quienes trataban con indiferencia a los pobres eran explotadores, quienes evitaban a los negros eran racistas, quienes organizaban guerras eran asesinos de personas inocentes, quienes apoyaban gobiernos de facto, eran fascistas y que los propietarios de fábricas que contaminan el aire, el agua y la tierra eran los responsables de la degradación ambiental del planeta. Fue un tiempo en el que el hecho de participar en manifestaciones, movilizaciones, sentadas de protesta y colectivos contestatarios contra las acciones de los malos me hacía sentir una buena persona.
Protesté y protesté. Creía en la “lucha”. Aunque, por más que luchara contra tanta injusticia, un examen sincero de mí mismo y de mis relaciones con el mundo me reveló que yo también formo parte del problema. Soy un pusilánime. Me di cuenta, por ejemplo, de que desconfío más de los que tienen tez oscura que de los blancos, constato también que soy adicto a un estilo de vida que sólo puede mantenerse a expensas de la gente más pobre del mundo, una situación sostenida, por cierto, gracias al poder militar que detenta el mundo occidental, y advierto, que el problema de la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero no está desvinculado de mi propio despilfarro de recursos y de mi propia generación de desperdicios. Yo también soy culpable. La línea que antaño me separaba claramente de los malos ha terminado esfumándose. Ya no puedo negar que soy parte de toda esta hecatombe.
Cada vez más, estoy convencido de que si es que podemos hablar de que existen enemigos, algunos de ellos yacen dentro nuestro. Yo también soy el problema y por tal razón, es hora de asumir la responsabilidad que me compete. ¿Qué puedo pues hacer? Darme cuenta de todo esto creo, sería el primer paso. Intencionarme por ver esa sombra oscura, asquerosa y pestilente que yace en mi, y aprender a vivir con ella sería un buen comienzo. Intuyo que desde que soy maduro ella siempre estuvo en mi acompañandome sin yo darme cuenta. Intuyo que aprender a convivir con ella me hará más consciente. Espero que así sea.




Gracias Claudia por compartirlo... Y gracias Andrés por el coraje de tu confesión que resuena profundamente en mi. Hace tiempo lo vengo viendo y sintiendo de esa manera. Confío como tu, que aprender a verlo y convivir con ello me pueda mostrar nuevos caminos. En mi caso me lleva alternadamente a momentos de inspiración, de claridad, de certeza y creatividad... y a momentos de disolución, desesperanza y autodestrucción... por ahí andamos...
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Raul Pacheco